La historia de Brenda Cerén no empieza con un debut profesional ni con una convocatoria a selección. Empieza en casa, en una familia donde el futbol siempre estuvo presente y donde el balón fue una extensión natural de la infancia. No hubo una decisión solemne de convertirse en futbolista; el futbol simplemente estaba ahí.
Como ella misma lo ha contado, crecer rodeada de deporte marcó su camino:
“Toda mi familia somos futbolistas… viene desde que mi papá también jugaba y mi mamá siempre ha sido muy atleta.”
Brenda creció viendo jugar a sus hermanos, compartiendo cancha, tiempo y pasión. Esa conexión familiar no se rompió con los años. Hoy, su hermano mayor juega en Inter FA de El Salvador, el segundo en Cacahuatique, su hermana compite con Alianza Women, y Brenda defiende los colores del Atlas Femenil y de la selección de El Salvador. Para ella, el futbol nunca ha sido una experiencia individual.
Cuando Brenda comenzó a jugar, el futbol femenil en El Salvador prácticamente no tenía estructura. No existían equipos formales y las oportunidades eran limitadas. La cancha que estaba a un costado de su casa fue su primer escenario y los niños, sus primeros compañeros de juego.
Ella lo recuerda con claridad:
“Cuando yo empecé a jugar recuerdo que no había equipo de mujeres, me tocaba jugar con niños.”
En esa etapa apareció una figura clave: Francisco Rivera, quien organizaba equipos infantiles y fue de los primeros en invitarla a competir. Más adelante, ya en la adolescencia, llegó su primer equipo femenil. Era más joven que sus compañeras, pero el talento y las ganas la sostuvieron.
“Ya ellas estaban grandotas y yo pues con catorce años, pero me gustaba mucho el futbol y se veía que tenía buenas cualidades.”
Alianza, el lugar donde se quedó a crecer
La creación de la liga femenina en El Salvador cambió el panorama. Los clubes varoniles comenzaron a formar equipos femeniles y Alianza apareció en el momento justo. Para Brenda, no fue solo una oportunidad deportiva, fue un espacio de pertenencia.
Ahí pasó gran parte de su carrera en El Salvador, ahí se formó y ahí construyó una relación emocional que sigue intacta.
“Es un equipo que estimo mucho, fue muy importante para mi carrera”, ha dicho sobre ese periodo.
En Alianza también vivió una experiencia poco común: jugar junto a su hermana durante casi siete años. Compartieron vestidor, campeonatos y derrotas, y más adelante incluso coincidieron en selección. Hoy, aunque los caminos deportivos sean distintos, ese vínculo sigue siendo parte central de su historia.
“Fue algo muy bonito. Jugamos juntas casi siete años, compartimos campeonatos y derrotas. También tuvimos la dicha de compartir selección. Es una bendición muy grande. Obviamente la extraño mucho en la cancha, pero es su camino y eso también me hace feliz”.
Salir de casa para encontrarse
Dejar El Salvador no fue una decisión sencilla. Brenda es la hija menor y estaba acostumbrada a vivir cerca de su familia, con el respaldo constante de sus padres. Salir del país implicó asumir una vida distinta, no solo en lo deportivo, también en lo personal.
“Creo que ha sido una de las etapas más complicadas para mí”, reconoce al hablar de ese momento. De pronto, vivir sola, tomar decisiones y enfrentarse a la vida adulta se volvieron parte del día a día.
La oportunidad llegó a través de la selección. Primero fueron pruebas en Pachuca, donde no hubo espacio para extranjeras. Luego Atlas. Ahí, finalmente, el camino se abrió.
“Hago pruebas en Pachuca, me dijeron que ya no había puesto para extranjeras y luego me vengo a hacer pruebas acá a Atlas y fue como logré entrar.”
La adaptación a México fue más natural de lo esperado, en gran parte por su personalidad y por la gente que encontró en el camino.
“Me adapté muy rápido también acá a México, es un país que me encanta, que amo mucho su cultura, su comida, su gente.”
Atlas femenil, sentirse en casa
Desde su llegada, Brenda Cerén encontró en Atlas Femenil algo más que un equipo. Encontró pertenencia. “Desde el día uno que llegué me sentí identificada con el equipo, me sentí en casa”, explica.
Esa sensación se refleja en su forma de jugar y de asumir su rol dentro del club. Brenda no se conforma. Lo dice ella misma: siempre quiere hacer algo más, algo diferente. Esa mentalidad la ha convertido en una de las jugadoras más constantes y respetadas del equipo rojinegro.
Para ella, portar esa camiseta es una responsabilidad diaria, un compromiso que va más allá del resultado.
“Desde el día uno que llegué me sentí identificada con el equipo, me sentí en casa.”
Ese sentido de pertenencia se refleja en su constancia y liderazgo. Brenda no es una jugadora que se conforme.
“Siempre he sido una persona que nunca está conforme, siempre quiere hacer algo diferente, siempre quiere hacer algo más.”
Para ella, portar la camiseta rojinegra es un compromiso diario, dentro y fuera de la cancha.
La selección, el orgullo intacto
Si Atlas representa el presente, la selección de El Salvador representa la raíz. Vestir la azul y blanco es, para Brenda, un gran orgullo.
“Representar la camiseta azul y blanco es una emoción o un sentimiento que no se puede expresar.”
La selección ha crecido, impulsada por la experiencia internacional de muchas de sus jugadoras. Brenda lo sabe y lo vive. Competir, enfrentarse a rivales fuertes y no conformarse forman parte del proceso.
“Competir siempre nos ayuda a crecer, sea cual sea el rival. La mayoría ahora juega en el extranjero y eso ha ayudado mucho. Todavía vamos empezando, pero queremos seguir creciendo y no conformarnos”.
Cuando piensa en cómo le gustaría ser recordada, su respuesta vuelve a lo esencial. No habla de goles ni de trofeos. Habla de actitud.
“Como una chica que nunca se rendía, que siempre corría y luchaba. Y también como alguien alegre, que trataba de contagiar a los demás con lo que tenía, dentro y fuera de la cancha”.
Más allá del balón
Fuera de la cancha, Brenda es calma. Lee, toma café, disfruta estar sola consigo misma y también se da tiempo para los videojuegos. Su libro favorito es la Biblia, un reflejo de una fe que la acompaña en cada decisión y que se vuelve "ritual" antes de cada partido.
Para las niñas que la miran desde las gradas, desde la televisión o desde El Salvador, su mensaje es claro: no rendirse, creer en una misma y seguir adelante incluso cuando otros dicen que no se puede.
Brenda Cerén no solo juega futbol. Lo honra. Lo cuida. Lo devuelve a la comunidad de donde nació. Y en cada partido, en cada historia, confirma que el verdadero impacto no siempre se mide en números, sino en las huellas que se dejan en el camino.