Cuando se habla del Estadio Azteca, es inevitable pensar en los momentos más icónicos del fútbol mundial: los goles de Pelé en 1970, la "mano de Dios" de Maradona en 1986, o la emoción que se vivirá nuevamente en 2026 con el regreso de una Copa del Mundo varonil. Sin embargo, pocos recuerdan que el Coloso de Santa Úrsula también fue protagonista de un momento histórico para el fútbol femenil, mucho antes de que existiera un Mundial oficial organizado por la FIFA.
En 1971, México fue sede del II Campeonato Mundial de Fútbol Femenil, un torneo no oficial que sin embargo llenó estadios y marcó un parteaguas en la historia del deporte para mujeres. Del 15 de agosto al 5 de septiembre de ese año, seis selecciones —México, Dinamarca, Italia, Argentina, Inglaterra y Francia— participaron en una competencia que superó cualquier expectativa, tanto en nivel como en asistencia.
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La gran final de ese torneo se jugó en el Estadio Azteca ante más de 110 mil personas, una cifra que aún hoy resulta asombrosa y que colocó a México como epicentro de una revolución silenciosa.
En ese duelo, la Selección Mexicana Femenil cayó 3-0 ante Dinamarca, que se proclamó campeona por segunda vez consecutiva tras haber ganado la edición anterior en Italia. A pesar del resultado, la imagen del estadio repleto y el entusiasmo del público dejaron claro que el futbol femenil tenía un futuro brillante, aunque tardaría décadas en recibir el reconocimiento institucional que merecía.
Aunque este campeonato no fue organizado por la FIFA y no es considerado oficial, el impacto fue incuestionable. El torneo no solo mostró el talento de las futbolistas, sino también el potencial de atracción que tenía el futbol femenil en un país como México, donde la afición respondió con pasión. Para muchas jugadoras y periodistas de la época, este campeonato fue el punto de partida de la lucha por el reconocimiento y la profesionalización del deporte.
Desde entonces, el Estadio Azteca ha seguido haciendo historia. Fue sede de los Mundiales varoniles de 1970 y 1986, y será una de las sedes principales en la Copa del Mundo de 2026. Y ahora, con el anuncio de que México será sede conjunta del Mundial Femenil 2031, el Azteca podría volver a escribir un capítulo inolvidable en la historia del futbol femenil… exactamente 60 años después de aquella final de 1971 que conmovió al país entero.
El legado del Azteca va más allá de sus paredes: es un lugar donde se han roto récords, se han creado leyendas y donde las mujeres también han sido protagonistas en un escenario mundial.